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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Reptiles

Después del clima horroroso de la semana pasada, Lucia toma el teléfono, disca y mientras lo deja sonar se mira las piernas.
-Hola Marianela, aquí Lucia. Me podrás atender si voy en media hora?
-¿Que te vas a hacer?
-Un brushing, manos y depilarme.
-Bueno, dale venite que te guardo el lugar.
-Gracias Nela, nos vemos.

Abre la heladera, saca una botella de agua mineral, y se sirve un vaso alto.
Suena el teléfono. Mira el captor y atiende.
-Hola loca, en que andas?
-Luchi, que alegría escucharte, fuiste para afuera el finde?
-No, el tiempo apestaba, así que nos quedamos con Pancho y fuimos al teatro a ver un reverendo mamarracho. No vayas al Solís, porque te vas a arrepentir. Algo tan burdo, y ordinario. Me llamo la atención que trabajara Bolani.
-No tengo ninguna intención de ir al Solís. ¿Queres que nos tomemos algo hoy, o va la víbora?
-Mira nena, espero que no venga, ahora me voy a la pelu, y cuando vuelva te mando un mensaje para vernos hoy o mañana.
-Vale, besito.

Vuelve a sonar el teléfono, mira el captor y es su cuñada.

-Hola Augusta, ¿como estas, de donde me estas llamando?
-
Hola Lucia, quería hablar con Pancho, sigo en Barcelona, aunque el fin de semana estuve en Blanes. ¿Como están Uds., sabes algo de Alicia?

-Pancho no esta, llevo el auto al taller, y de la vida de tu sobrina no se nada.
-Capaz que se aparece hoy a cenar. ¿Por que, que paso ahora?

-Es mi sobrina, y es la hija de Pancho, pero es de cascabel. Me llamó la semana pasada, pidiéndome plata, que ella, y la hija se morían de hambre, y que no le dijera nada al padre. Le mande 500 euros y sabes lo que hizo,
se compro un perro de trescientos dólares. Te lo podes creer?

-Claro que te creo, pero no te preocupes, como el dólar viene en caída, igual le sobró dinero para comer. Lo que si me preocupa es el pobre perro, cuando se le pase la noveleria y tenga que empezar a limpiar las alegrias del cachorro, lo regala o lo envenena.

-Me estas tomando el pelo, Lucia?
No se a quien sale. Es una mentirosa y una estafadora, y sí, es mi sobrina, pero es mala. En su diccionario la palabra dignidad no existe. En la letra “D” solo figura la palabra dinero. Pedir dinero, robar dinero, gastar dinero, estafar dinero… Bueno que te voy a decir a vos que tenés que tratarla…

-Le digo a Pancho que llamaste, o volves a llamarlo?

-No le digas nada, porque ahora salgo y no me va a encontrar. Lo llamo a la hora de cenar. Beso grande, y saludos.

-Besos.



-Panchito, que cara es esa, ¿te pasó algo?.

-Hola gordi, ¿como fue tu día?.
Me besa.
-Estás linda, ¿fuiste a la peluquería?
-Mi día estuvo complicado entre la oficina, el taller, ….y Alicia.

Casi le pregunto si le habían extraído el veneno, pero la cara de Pancho no era para ese tipo de bromas, así que le dije:

-Que pasó con Alicia, te fue a ver al negocio?

- Si, fue a la oficina, y con toda esa teatralidad que le gusta desplegar, me dijo que estaba empezando a organizarse, y que necesitaba que yo le diera una mano. Que quería poner todas sus cosas en orden y bla bla bla.
En definitiva, me pidió 4000 dólares para pagar una deuda que tiene con B.P.S.
Se acerca al barcito, sirve dos whiskies, va a buscar hielo a la heladera,
pone tres cubitos en el suyo y cuatro en el mío, viene, me lo entrega, se sienta en el sillón, y me pregunta:
-Luchi, vos que harías?

Yo lo miro, y le acaricio las manos.
Pancho me conoce. Sabe que Alicia no es santo de mi devoción, pero que mis consejos no tienen rencor ni odio. Sabe que siempre lo voy a ayudar.

-Mira Pancho, aquí hay dos únicas opciones, o decirle que no, o prestarle el dinero. Si le decís que no, podemos llegar a tener puteadas abundantes, lloriqueos teatrales, amenazas con suicidios. Pero termina ahí.
Si accedes a prestarle la plata, posiblemente salga despavorida a gastarla, olvidándose del B.P.S.
-Como es tu dinero, yo sugeriría que se lo prestaras, pero que no se lo dieras.

-No te entiendo.

-Fácil Pancho. Te vas al B.P.S., averiguas la deuda, la pagas o haces convenio, y venís como Melchor y le pones de regalo de Reyes el boleto de pago.

La cara de Pancho se iluminó.

-Gorda, sos un genio.

Pancho era un niño grande. No tenia la mínima maldad y cultivaba desde hacia años una culpa enorme.
Alicia era así por su culpa.
El había roto su matrimonio años atrás, cuando la víbora era aun un pichón.
Yo no había tenido nada que ver con eso. Ni siquiera conocía a Pancho en ese entonces.
Lo conocí diez años después cuando me vino a ver al consultorio. Yo era terapista y el precisaba apoyo.
Cuando empezamos a salir deje de atenderlo.
Ahora hacia años que estábamos juntos. Su nueva psiquiatra no era de mi gusto, ya que su culpa seguía enterita e intacta.

Tres días después, Pancho llego totalmente devastado.

-Gorda, Alicia me ha estado mintiendo todos estos años. No existe en B.P.S., ni por su nombre, ni por su documento, ni por la limitada, ni siquiera por su inscripción en D.G.I.
Una mentira tras otra, un engaño tras otro.

Lo vi tan lastimado en su credulidad, tan dolido, que a pesar de haberme jurado y perjurado hacia años de jamás intervenir, jamás involucrarme, decidí que tal vez fuera mejor solucionarle el problema de una vez y para siempre.
Le acaricie el pelo, y le dije, -Pancho, Grandulón, invitala mañana a cenar que yo me encargo de todo.

El me miro, sin entender, y entendiendo, y me dijo –Gracias Luchi.

La cena del sábado fue todo un éxito. Los crepes estaban deliciosos, el sargo al champagne una manteca, y la mousse de nuez fue como la frutilla de la torta. Con el café y el cognac en el living, me levante y abrazando a Pancho le dije:

-Alicia, estamos tan contentos con tu padre, que ayer fuimos al B.P.S. y te cancelamos la deuda. También te pagamos la cuenta de UTE y ANTEL, y te pusimos al día con los gastos comunes del edificio. Pagamos los tributos mensuales de la Intendencia, adelantamos todo el año la contribución y la primaria, y hasta nos alcanzo para sacarte del clearing por la tarjeta OCA y rehabilitarte el gas y el cable.

Eso si, hasta aquí llegamos. De ahora en adelante, y como te estas organizando, vas a poder empezar de cero y sin deudas, y tendrás que hacerte responsable de tus cuentas.

La víbora me miró, -mi cuñada se equivocó, no era una cascabel, sino una cobra real queriendo escupir veneno- miró al padre, y cuando se estaba yendo, le aguanté la puerta.

-Ali, mi amor, yo se lo que el teatro perdió al no tenerte, pero en esta casa la única que da portazos soy yo, y empujándola suavemente, cerré la puerta.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Burocracia

El cuerpo del enfermero fue hallado casi seis días después de su muerte. Estaba en la parte vieja del hospital, donde ya casi nadie iba y lo encontró un obrero que estaba buscando una fuga en las viejas cañerías.
Cuando llegó el Inspector Castellanos junto a su colega el Teniente Olivencia, todos los demás le abrieron camino. Castellanos era alto, de complexión normal, ni flaco ni gordo, con el cuerpo de un hombre que estaba cerca de los cincuenta. Ojos grandes y saltones, siempre tratando de ver más allá de la cara de las personas. Olivencia en cambio no llegaba a los cuarenta, y su aspecto era más bien desagradable. Los desgreñados mechones de pelo le caían a los lados de la cara y su gabardina negra tenía manchas de todos los colores. —Que tenemos aquí, preguntó Castellanos?. —Buen día Inspector, dijo Mendoza, un miliquito al que nunca iban a ascender si no cambiaba de comisaría. Javier Mendoza era muy joven, un poco bruto pero era muy observador, y Castellanos ya lo había pedido para su equipo, pero el comisario donde revistaba Mendoza, un necio de primera, se había empeñado en que el muchacho nunca saliera de agente de 2a. solo porque era más inteligente que él, y lo había dejado en ridículo en varias ocasiones, aunque sin la mínima intención. El solo dijo lo que pensaba que había pasado en un caso de desaparición de drogas y dinero del depósito de la Policía, y resultó que cuando Interpol empezó a investigar, le dieron la razón.
Mendoza, le abrió el camino al inspector hasta que llegaron al lugar donde estaba caído el enfermero. —Es un empleado del sanatorio, dijo Mendoza. Gerardo Sepúlveda, 35 años, soltero, vivía solo. Trabajaba en el sector de abastecimientos médicos. Castellanos, miró a Mendoza, y le dijo:
—Entonces tenía acceso a toda la medicamentación del sanatorio, hipnóticos incluídos.
—Ud. lo dijo Inspector, estuve averiguando y se habían reportado algunas faltantes de medicamentos, y estaban investigando a los funcionarios.
—Quien más trabaja en esa sección, Mendoza?.
—La Dra. Altamirano, el Dr. Castillo y la nurse Cristina Rodríguez. Estoy buscando sus antecedentes y ver como se relacionaban con el occiso.
—Buen trabajo Mendoza, digame ahora sus sus primeras observaciones. Mendoza era un policía chiquito, casi un alfeñique de 50 kilos y 1.60 de altura, rubio ensortijado y siempre muy prolijo, uñas limpias, zapatos lustrados y peinado a la gomina. Castellanos tenía la vaga sospecha que el peinado a la gomina era para hacer desaparecer las motas, ya que la madre de Mendoza era negra. Tenía físico de jockey más que de policía, y había entrado a la policía porque el límite de altura era 1,60 y sus notas excelentes.
—Bueno inspector, al enfermero no se le conocen romances, pero eso no indica que no los tuviera, sino que posiblemente era muy discreto. Adulto de 35 años difícilmente no tenga alguna relación, ya sea sana o malsana. Eso nos lleva a dos opciones, o su relación era con alguna colega casada, o con algún colega casado o soltero, pero colega varón, o alguna otra opción no tan normal. Creo, por donde lo encontraron, que el asesino es del hospital. Nadie que fuera ajeno a este lugar, sabría que la parte vieja del hospital estaba siempre desierta, y de no haber una fuga en las cañerías, lo podrían haber encontrado dentro de seis meses.




Y creo que o bien o vio algo que no debía ver, o iba a denunciar algo, o estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, o quería chantajear a alguien. Y lo último, el asesino también especulaba con que al demorar en hallarlo, se dificultaría ver como lo mataron. No tiene una sola herida, ni de revolver ni de arma blanca. A simple vista tampoco fue golpeado, y murió en este lugar. No fue que lo asesinaron y lo trasladaron, murió aquí. Tal vez quedó en encontrarse aquí con alguien. Muy posiblemente con el asesino.
—Bravo Mendoza, te voy a sacar de esa comisaría de mierda a como de lugar.
—Contame de los otros tres, Altamirano, Castillo y la nurse Rodríguez.
—No hablé con ellos todavía, pero hablé con el resto del personal para ver como los veían los demás y si hay trapitos sucios en el sanatorio, y parece que si, que hay bastante trasfondo en todo esto. A Altamirano no la quiere ninguna de las mujeres de todo el pabellón, pero es solo puterío y celos femeninos. La mujer es una profesional reconocida, bonita y con muy buenos ingresos. Todo eso genera rabia en determinadas personas. No tenía ninguna relación laboral con Sepúlveda, aunque ella fue la que firmó la denuncia de faltantes, pero no involucró a nadie, solo hizo la denuncia. Los otros dos están más complicados y los dos tenían acceso a los hipnóticos. Mendoza se hizo a un lado, cuando pasó Olivencia con el forense para llevarse el cadáver. Se saludaron amistosamente, y Olivencia le dijo —Mendozita, ya tenés resuelto el caso?. — Estoy en eso. Olivencia contestó Mendoza, y vos, aún no tuviste tiempo de llevar la gabardina a la tintorería?
Ambos se rieron, y Castellanos le dijo a Olivencia, —Tan pronto tengan el detalle de la autopsia, me avisan. Necesito también la dirección del muerto, y una órden de allanamiento de su apartamento, así como la llave de su locker en el hospital. —Yo me encargo dijo Olivencia, y se despidieron.
Mendoza, suspiró y continuó con el relato: —Castillo es un médico mediocre, pero con ínfulas de profesor académico. Las malas lenguas dicen que tenía un affaire con Laura Rodríguez, la nurse de la sección, pero no está confirmado. Castillo es casado, y su mujer tiene más dinero de lo que él pudiera ganar en cien años de trabajo en hospitales, así que no lo convenía ningún escándalo. Podría haber algún motivo por ese lado. Por otro lado, la nurse Rodríguez es muy buena en lo suyo, y había solicitado traslado a la unidad de oncología pediátrica. Altamirano le firmó la recomendación, pero el traslado aún no había salido. No estamos seguros de si lo del chisme de corredores es cierto, ya que si la nurse era muy buena en lo suyo dudo que se hubiera entreverado con un médico del montón y sin dote. En cuanto a la denuncia de faltante era importante. Todos sin excepción eran medicamentos supresores del dolor a base de morfina, que no se consiguen en farmacias.
Castellanos, mira a Mendoza, hace un gesto de aprobación con la mano, y le dice, —Lo veo dentro de tres horas en mi oficina. Mendoza lo mira extrañado, y le dice, —Pero Inspector, tengo que volver a la comisaría. —¿A que vas a volver, a escribir denuncias de que el vecino A envenenó al gato del vecino B, porque todos los días le meaba el diario?. No Mendoza, desde ahora yo me responsabilizo de tu trabajo, y por lo menos hasta que se acabe el caso, estás a mis órdenes.





Mendoza, lo miró muy despacio, y le dijo—Mire Inspector, yo quiero ayudarlo, pero si Ud. me ayuda a mi. No es que no quiera trabajar con Ud., pero quiero trabajar permanentemente en Homicidios, y no solo para sacarle las papas del fuego en cada caso, los créditos los lleva Ud., y yo vuelvo a escribir denuncias de robos de bicicletas y cédulas de identidad.

—Tenés razón, Mendoza, revisá el locker y el apartamento del occiso , y vení a mi oficina dentro de tres horas.

Tres horas más tarde, Castellanos, Mendoza y Olivencia se reunían, con los informes del forense. —Resumí todo en voz alta, Olivencia, dice Castellanos. Olivencia, se pasa la mano sobre los desgreñados pelos, y lee: —Occiso masculino, 35 años, sin ninguna marca identificatoria, muerte data de seis días, con el cuerpo entrando en etapa de descomposición, sin orificio de entrada de bala, ni de arma blanca. Causa probable de la muerte colapso a nivel vascular, sin configurar en ningún caso infarto de miocardio. No tiene marcas de drogadiccón en brazos ni piernas, y el test de drogas en fosas nasales y fluídos corporales dio negativo.

—Mendoza, vos que podés agregar? pregunta Castellanos.

—El locker no tenía gran cosas, zapatos tennis y conjunto deportivo de marca. Neceser de cuero de cocodrilo con cepillo y pasta de dientes, elementos de afeitarse, colonia también de marca. Nada inusual, salvo que todo era muy costoso para un sueldo de enfermero. El apartamento era otra cosa. Alguien estuvo revisando antes que nosotros, y si fue el asesino, tuvo varios días para encontrar cualquiera fuese la cosa que estaba buscando. Algo interesante es que el fulano tenía por hobbie la fotografía y la pornografía, sobretodo la infantil. Muchísimas fotos de todos los temas posibles, instantáneas y material más elaborado. Y sus enlaces en Internet eran en un 90% de videos porno con niños de no más de 8 años. Si bien hay que atrapar al que lo hizo boleta, en el fondo no lo culpo. Un tipo que gusta de este material se merecía el destino que tuvo.

—Bueno, antes de hablar con la nurse, y los dos doctores, quiero saber que opinás Mendoza.
Mendoza, que en ningún momento se había sentado, continuó de pie, y dándole la espalda a los otros dos, se puso a mirar por la ventana. —Podrían ser varias cosas, que en el hospital hubiera un ángel vengador, que el buen enfermero tomara alguna foto comprometedora con su celular, y estuviera chantajeando a alguien. Lo que sí estoy seguro es que el enfermero conocía muy bien a su verdugo, y se citaron para encontrarse a alguna hora en la parte vieja del hospital. Creo casi firmemente que el enfermero y el asesino tomaron un café media hora antes del asesinato. Muy posiblemente el asesino en un descuido del otro le puso algún somnífero suave, de esos que tienen efecto entre 30 y 40 minutos después, y lo citó en la parte vieja para darle el dinero o lo que fuera que le había prometido. Al llegar el asesino, el enfermero, estaba medio dormido. Esperó a que el hipnótico hiciera efecto, y luego le puso una inyección intravenosa de aire, solo 10 mm. de aire. Y esta es la explicación del colapso vascular. No deja huellas, salvo un pinchazito, que en seis días y con el rigor mortis se hace invisible.
—Bravo dijo Olivencia, muy buena teoría, pero tenés evidencia de cualquier tipo de que fue así?.

—Lo único significativo que encontré en el locker de Castillo fue una banda elástica de esas que usan en los hospitales para ligarte la vena y que la extracción de sangre sea más fácil. Me gustaría estar presente cuando interroguen a los dos médicos y a la nurse.
A las seis de la tarde se presentaron los tres compañeros de departamento del infortunado enfermero.
Descartaron de entrada a la Dra. Altamirano, ya que ni siquiera registraba al enfermero. Era una túnica más de las que estaban en el piso cuando ella hacía su guardia. No sabía si había sido él, o cualquier otra persona, no solo de su departamento sino de todo el piso. Si bien ella tenía la llave del depósito de medicamentos, la cerradura no era nada compleja, y cualquiera podía haber tomado una impresión y haber hecho una copia.

La nurse era tan prolija como antipática, pero según todos los informes de su foja de trabajo, era no solo muy eficiente con su trabajo sino que siempre ponía más esmero que el acostumbrado en su trabajo, y por eso mismo no era precisamente un personaje popular, y se tejían todo tipo de enredos de salón a su alrededor.
En el interrogatorio se mostró absolutamente verosimil, conocía a Gerardo, eran colegas, pero ella de algún modo sútil dejó en claro que el enfermero era totalmente corrupto, pero que si hacía bien su trabajo, ella no era quien para juzgar su conducta. Cuando se le preguntó por qué lo llamaba corrupto, ella dudó un momento y luego dijo, —Capaz que corrupto no es la palabra exacta, él tenía gustos caros, y le gustaban los niños. Un día entré en la sala donde estaba un menor de seis años, portador de HIV con un coma inducido. Y ahí estaba Gerardo tocándole les genitales. Le dije que si volvía a verlo en algo parecido lo denunciaba.

Y finalmente le llegó el turno a Castillo, un ser absolutamente pagado de si mismo, un bueno para nada según Mendoza.
Mendoza y Olivencia estaban presentes en el interrogatorio de Castillo.

Este se mostraba absolutamente a la defensiva. No me importa , lo que Uds. piensen, dijo Castillo. Mendoza, tomó el potro por las riendas, y le preguntó sobre la esclerosis múltiple de su mujer, y ahí Castillo se desmoronó como un castillo de arena. Sí, él había retirado los calmantes para su mujer. La porquería humana del enfermero lo había visto y lo quería chantajear. Castillo sabía que darle dinero al enfermero era condenar a otro niño a la prostitución, así que le puso algún narcótico en su café y lo citó en algún lugar del lugar del hospital, y le inyectó aire.

Cuando todas las aguas se calmaron, Castellanos pidió para Castillo el mínimo de la pena por homicidio. El enfermero era un ser humano lamentable, y Castillo había actuado para que su mujer no sufriera dolores, y para evitar la red de corrupción de la pornografía infantil. Con la anuencia de Olivencia, Castellanos pidió que el Agente de 2ª. Mendoza, fuera ascendido a Detective de 2ª- del Departamento de Homicidios.
Hace dos años que están esperando una respuesta.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Secuestros

Secuestros

—No podés estar siempre peleándote con la gente, me dice mamá. A ver si te tranquilizás un poco. Y en el fondo no es un tema tuyo. Dejalo así que no tiene solución.
Mamá me exaspera. Toda la vida quejándose de las cosas, y nunca hizo nada para solucionarlas. Solo quejas y culpando a los demás, a la vida, a las circunstancias. Nunca nada fue su responsabilidad. Ahora ya es tarde.
—Mamá, le digo, yo no ando por la vida peleándome con la gente. Yo soy la persona más pacífica del mundo, adoro la tranquilidad, el silencio y detesto los ruidos, los gritos y le gente maleducada. Pero cambié mamá. Antes yo con tal de no pelear, dejaba las cosas como estaban, transigía, hacía la vista gorda y me envenenaba cada vez más. Ahora es distinto. Sigo adorando la tranquilidad, pero no pongo la otra mejilla. Eso es únicamente para Dios. Si algo me molesta lo digo. Y no puedo ver a esa sucia tirada en el piso apretando al chiquilín, o dejándolo gatear en ese piso mugriento, lleno de puchos y escupidas y cacas de perros. ¿Me querés decir quien cuida los derechos humanos de ese niño?. La semana pasada le llevé una campera y unas botitas para el chiquilín porque me daba lástima que estuviera a esas horas de la noche con ese frío y en la calle. La madre le probó las botitas de cuero y la campera de marca de mis sobrinos y le quedaba como comprado de medida. Solo la vez que se lo probó se los vi puestos. A los dos días el niño estaba nuevamente con un bucito de algodón todo sucio. Yo sé que llevan todo a vender a la feria de Larravide, o de Piedras Blancas, pero es su hijo el que pasa frío. Y cuando el chiquilín esté muy grande, consigue a algún vago para que le haga otro. ¿Me lo quiso regalar sabés?
Mi madre me mira, mira al jardín como para recordar mejor, y dice –tu padre siempre te conoció mejor que yo, decía que no lo ibas a poder remediar, que toda tu vida ibas a ser la abogada de los casos perdidos, y tenía razón, y me pregunta casi con miedo —No le habrás dicho que si?.
—Le dije que si lo hacíamos con papeles y un abogado me quedaba con el niño. Yo se que si le decía que sí de entrada, después me iba a querer sacar plata. En definitiva no me iba a regalar la máquina de hacer chorizos sin sacarle algún beneficio. No le gustó mi contestación. —Bueno me dijo, mañana hablamos. Nunca más mencionó el tema. Y sigue en la puerta del super, hasta las 10 de la noche que cierra, con ese niño temblando de frío y diciéndole a todas las personas que pasan, —No me compra una leche, no me compra algo para comer. Es muy joven. No debe tener ni treinta años. La última vez que le dí un montón de ropa de mi hija, fue porque me dijo que su hija adolescente no tenía que ponerse. Le llevé ropa que Jimena no había estrenado nunca. Sabés como son estas chiquilinas, van a la feria y se llenan de trapos que después usan una vez y se olvidan. Supongo que también la vendió. Problema de ella. Lo que si me preocupa mamá, es ese niño. Es un nene que ya está casi caminando, y lo único que vió en su vida es su madre tirada en el piso mugriento, porque la vaga no se lleva ni siquiera un pedazo de cartón para sentarse encima, pidiendo. Pero el niño es un varón. Nadie se va a compadecer de un pibe de trece o catorce. A esa edad ya se consiguen un revolver y entran a robar. Y de repente te roban a vos mamá, o a mi. Te acordás cuando Seba tenía once años, y el padre no quería que saliera solo, porque tenía miedo de las banditas de ladroncitos, yo tambien tenía miedo, pero quería que el chiquilín no viviera con miedo, y lo dejé salir con sus amigos. —Solo hasta la rambla, le dije. Te acordás mami?. Solo hasta la rambla, y cuando estaba con sus amigos se le acercaron tres parditos con sevillanas, no eran más grandes que ellos tres y les pidieron la plata, los champeones y las camperas. En ese entonces creo que no existían los celulares. Si no se lo hubieran pedido también. Los otros dos echaron a correr, y Seba quedó solo y empezó a correr y gracias a Dios que no pasaba ningún auto. Del susto cruzó la avenida sin mirar, y entró en la Pizzería. Trató de hablar pero no podía. Gracias a Dios, que los de La Pasiva le tuvieron paciencia y me llamaron. El chiquilín había perdido el habla. No podía articular palabra, y yo no le dije nada. Lo fui a buscar y nunca comenté nada con el padre. Terrible susto mami. Uno quiere soltarlos y que vuelen solos y a la primera de cambio, casi me hago encima, del miedo. El chiquilín se recuperó, pero el susto se le instaló en algún lugar, igual que a todos nosotros. Y la otra situación la tuvo con el
sabandija, por decirlo de alguna manera delicada y no decir el malparido hijo de cien mil putas que lo encañonó a la salida del club Banco Hipotecario y disparó. El revolver no tenía balas, y solo fue para asustarlo, pero creo que él pensó, como hubiera pensado cualquiera que lo mataban. Cuando llegó a casa, tampoco podía hablar. Yo lo abracé. Solo eso pude hacer, y el empezó a llorar. Fue terrible. Y si ese niño sigue en esta vida, va a terminar como aquellos otros, asaltando en las esquinas. No sé mamá, la sucia también tiene hijas mujeres. Otro problema. Distinto. A las doce o trece años la agarra algún vivo y le hace el primer hijo. Y ahí quedó, ya no puede estudiar, ni trabajar porque se arruinó la vida. Y de repente, para ellas es válido. Ya son mujeres y tienen algo que es de ellas. Que tienen mamá?. Tienen la misma hambre y uno más para alimentar. Como aquel reclame “Uno más para atender”. Mamá sacude la cabeza, y dice —no te hagas malasangre. La saludo y me voy a casa. Camino despacio con la cabeza llena de pensamientos raros.
Llegué a casa, pensando algo muy descabellado, me serví un whisky, y fui al segundo dormitorio, lo miré con ojo crítico, podría convertirse con pocas cosas en un precioso dormitorio infantil.
Y un día cualquiera de agosto, con el refrán en mente “julio los prepara y agosto se los lleva”, decidí llevarme al chiquilín. No iba a matar a la madre. Si podía no iba a matar a nadie. No está en mi temperamento lo cromático, la sangre y todo eso.. Conseguí que un muchachón cuidacoche que me debía muchos, muchísimos favores, se presentara justo cuando la sucia, juntaba todos los bártulos, y le dijo —dame al nene y nadie se va a enojar. Ella lo miró, y se lo dio, sin gritar, ni pelear, ni nada. A veces me da rabia esta situación, si hubiera sido yo hubiese pedido aunque no me lo dieran, alguna constancia de que el niño iba a tener una vida mejor, y no que me lo sacaban para trasplante de órganos, o alguna otra atrocidad. Pero no. Se quedó en el molde, agarró las cosas que había acumulado en las horas de trabajo y se fue sin mirar atrás.
Ahora, visto desde otra perspectiva es raro. Yo estoy criando a Agustín, que es un muñeco encantador, pasó tanta hambre que come cualquier cosa que le pongas adelante. Es un niño tan bueno que es casi inconcebible que habiendo pasado hambre, frío y vaya a saber que más, cada vez que le hablo se ríe. Cuando estaba con ella, yo siempre le hablaba pero solo me miraba con sus grandes ojos negros. Ahora oye mi voz y sus ojos sonríen antes que su boca se abra en una sonrisa. Yo no sé si ella sabe que fui yo o no, pero la semana pasada estaba tirada en la misma calle, con un bebé de la misma edad de Agustín, yo la miré, le di el litro de leche, y las galletitas dulces. Es una superstición mía, pero creo que con algo dulce, el corazón siempre está más contento. Ella me miró y yo supe que ella sabía. Yo hice como que no me daba cuenta. No quería que dentro de diez años alguien viniera a decirle a Agustín que era adoptado. Pero me quedé mirando fijamente al nuevo bebé. Agustín estaría muy contento de tener un hermano.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Mentiras verdaderas

Todas las cosas suceden por una razón.
Ese sábado nos íbamos de farra con las chiquilinas, como todos los segundos sábados de cada mes. Nos juntábamos en la casa de alguna de nosotras, nos tomábamos unos whiskies, a veces jugábamos al poker, y después nos íbamos a cenar a algún lugar que tuviese show o algún espectáculo divertido.

Ese sábado en particular erámos solo tres, porque Carola e Isabel tenían un casamiento de amigos en común. A eso de las 6 de la tarde me llamó Carmen para decirme que estaba con vómitos, así que desertaba con aviso. Quedé en ir a lo de Agustina y salir juntas desde ahí.

La casa de Agustina quedaba sobre una avenida, por lo que estacionar era todo un problema, así que decidí dejar el auto sobre una transversal. Tampoco había lugar, y empecé a dar vueltas manzanas, a ver si alguno se iba y me dejaba el lugar. Estaba en esas vueltas cuando vi al marido de Agus estacionado en su auto a dos cuadras de su casa hablando, mejor dicho peleando con alguien de cabellos rubios y ondulados. Me pareció una silueta familiar pero no la podía ubicar en algún lugar del espacio o del tiempo.
Me quedé quietita en mi auto, y vi como la rubia bajaba, le gritó si no se lo decís vos, lo hago yo, dio un tremendo portazo, se alejó 30 metros y se metió en otro coche que estaba estacionado en la vereda de enfrente. No sabía que hacer, así que esperé con el señalero puesto que el hombre arrancara, y después salí lentamente de mi ubicación, estacioné en el lugar que dejó la rubia, y llegué a lo de Agustina casi al mismo tiempo que él y lo vi entrar el auto en su cochera. Esperé unos minutos y toqué timbre.
Agustina estaba elegantemente vestida con una falda de cuero de bordes irregulares y una camisa de seda cruda. Estaba un poco pálida. Nos fuimos a una de las salitas íntimas de la casa, donde sobre un carrito bar tenía toda clase de botellas, dos vasos y una hielera de cristal labrado. Me dijo, -servite lo que quieras. La miré y escondió la mirada. Le dije, Agus, estás pálida, pasa algo?. Me miró desde algún lugar o mejor dicho me miró, pero sus ojos no me veían, miraban algo más allá de mi persona, y me dijo servime un whisky doble y sin hielo. Decidí no contradecirla, y le serví lo que me pidió, y me serví mi propio escocés, como me gusta a mi, con muchísimo hielo. -¿Sucede algo?, pregunté. Me volvió a mirar raro, y me dijo –Este mierda de Francisco está en la casa, no estoy de humor para salir y no quiero que presencies como me tomo toda la botella. No es un buen día para mi.
-Qué te hizo Francisco?, le pregunté. Ella sacudió la cabeza, miró en el fondo de su vaso como si la respuesta pudiera estar ahí, y me dijo: -Tengo miedo del futuro. No te ofendas pero no quiero tener que transitar el camino de Carmen. Separarme de Francisco, y entrar en la etapa de los amantes descartables. Yo hice un gesto con la mano y ella continuó. – No, no te pongas a la defensiva, si yo las quiero mucho, y no lo estoy reprochando. Yo ya pasé esa etapa también, antes de Francisco, la etapa de los amantes descartables. Lo que menos quieres es una relación, pero sí quieres saber si todavía funcionas. Después muchas gracias y hasta la vista. Es como lo de la oración que publican en el diario “Gracias al Espiritu Santo por los favores recibidos”. Las dos nos miramos y nos reimos. Levantamos nuestros vasos y brindamos –Por los descartables le digo. Los ojos de Agus vuelven a quedar serios.
Hoy no estoy con ganas de salir, así que o nos quedamos y nos tomamos todo o te dejo libre de tener que aguantar a una cincuentona depresiva. La abracé y le dije que no quería tomar demasiado, y si me quedaba nos iba a dar la milonga triste en duplicado, así que me iba.
Supongo que ese fue el primer escalón de una serie de situaciones.
Como Pablo mi marido, sabía que salía con “las chiquilinas” como les decía, había invitado a sus amigos, y estaban en plena festichola. Entré el auto al garage, y entré por el fondo sin que me sintieran. Subí a mi dormitorio, me desnudé y me metí en la ducha.
Pensaba acostarme a leer un rato. Después de ducharme, me puse una bata y me senté en la bergere que tenía en el dormitorio y tomé el libro que tenía en la mesa ratona.
Me dieron ganas de tomar algo, y en el frigobar del dormitorio ya no quedaba nada, así que entré en el dormitorio de Pablo, a ver si en su barcito había algo. Tampoco había demasiado, pero sobre el frigo estaba una carpeta de una compañía de seguros de vida. La miré sin curiosidad, pero no la abrí.
Volví a mi dormitorio y decidí bajar a la cocina a buscar algo que tomar. Siempre me gustó caminar descalza, sobre todo cuando las moquettes son tupidas y suavecitas. Cuando estaba bajando sentí la voz de Guillermo, el abogado de la familia e intimo amigo de Pablo que decía , -¿y no lo dijiste nada a Vicky? Cuando sentí mi nombre, Vicky era el diminutivo de Victoria, presté atención, y la voz de Pablo dijo, -No, no le dije ni le voy a decir, y no quiero que se entere. –Pero no te parece que estás actuando mal, hace veintidós años que están juntos, no podés hacer un seguro de vida por una suma más que importante, y poner de beneficiarios a tus hijos. Cuando te casaste con ella no quisiste que tuviera hijos porque vos ya tenías. Ella tuvo que renunciar a su maternidad para complacerte, y ahora ponés el seguro a nombre de tus hijos, que ni siquiera te vienen a ver… vos estás loco, y si Vicky se entera y te manda a la mierda lo tenés bien merecido. Podrías haber puesto a los tres de beneficiarios, a tus hijos, y a ella. Bueno Guille, tampoco es para tanto, Victoria tiene su patrimonio, cuando nos casamos hicimos capitulaciones, así que esto no es tan grave, y si no lo se lo decís vos, no tiene como enterarse.. Lo último que sentí que decía Guillermo en voz más baja fue – Si todo fuera tan claro, y estuviera tan bien, podrías decírselo. Vos sabés que estás actuando mal. Me senté en los escalones de la escalera, y agradecí no tener un vaso en la mano, porque lo hubiera estrellado contra la pared. Volví sobre mis pasos y entré en mi dormitorio. Cerré la puerta con fuerza, no demasiada, solo lo suficiente como para que supieran que había llegado. Después tomé mi libro y traté de leer, pero no fue posible. No podía creer que Pablo hubiera hecho una póliza y me hubiera dejado afuera. No era por el dinero. Mi patrimonio era igual o mayor que el suyo. Era por la actitud. Ni siquiera me lo comentó. No me consideró de suficiente confianza como para contármelo, para ver que me parecía. Nada. Me levanté y corrí el cerrojo de la puerta que comunicaba ambas habitaciones. Apagué la luz sobre las dos de la mañana. Más tarde sentí que Pablo trataba de abrir la puerta. Cuando notó que estaba trancada no insistió más.
Pasé una noche de perros. No pude casi dormir, y una sensación de rabia, más bien la ira se estaba apoderando de mi. No entendía por qué. No era el dinero, y no sabía qué era lo que me estaba haciendo germinar esa rabia tan maligna. Entonces me acordé. Veinte años atrás Pablo no había estado a la altura de las circunstancias. Me había ido de la casa en ese entonces, y después había vuelto. Hoy tendría un hijo o hija de 20 años. No fue premeditado. Yo sabía que Pablo no quería chicos, pero había sucedido. Y creo que mientras no se lo dije, estuve suspendida en una nube de alegría. Pero cuando se enteró me consiguió un número en una clínica. Recuerdo que tuve que ir dos veces, porque la primera vez me vino tal ataque de pánico que me puse a temblar en la camilla, y los médicos me dijeron que fuera a mi casa, me lo replanteara, y si estaba decidida que volviera. Por supuesto que en ese momento me dijo, Bueno, si querés lo tenemos. Tuve un fin de semana en que estaba en una especie de limbo, quería tener a la criatura. Pero el lunes de tarde, Pablo me dio una tarjeta con otro día y hora. Recuerdo que eso se hizo un jueves, y el viernes de noche me llamó para que fuéramos a la casa de unos amigos que lo habían invitado. Yo estaba con antibióticos, y con unas pérdidas terribles, así que le dije que no estaba en condiciones físicas de ir. Entonces fastidiado me dijo, Bueno, si vos querés quedarte llorando por los rincones, quedate, yo voy a ir igual. Y al día siguiente se fue una semana con su hijo menor al apartamento de Punta del Este, ya que el muchacho estaba de vacaciones de Julio y su otro hermano se había ido con la madre a Buenos Aires, pero como este tenía una materia pendiente, tuvo que quedarse, dar la materia, y después su padre lo llevó a Punta.. Nunca me preguntó si estaba mejor, si tenía que volver al médico. Nada. Me fui de casa por un tiempo, y me vino a buscar tantas veces, que al final regresé.

Lo más gracioso es que yo tenía una relación muy buena con los muchachos, que ya eran hombres, pero ellos no lo llamaban, no lo veían. Cada vez que alguno de ellos llamaba, Pablo decía -Vamos a ver cuanto me van a pedir ahora, o qué cuento me van a hacer para sacarme plata.

Miré la puerta que separaba ambos dormitorios, y supe que iba a ser muy difícil que esa cerradura volviera a abrirse algún día.

Al otro día demoré en bajar. Golpeó la puerta del dormitorio y no lo contesté. Me levanté, me duché, y esperé que sacara el auto y se fuera para bajar.
Me acerqué a la mesada y me serví terrible taza de café negro. Tomé el teléfono y llamé a Agustina. –¿Como estás muñeca?, le pregunté. ¿Como te trató el escocés anoche?
-Todavía estoy medio dormida. Pero esta es la crónica de una muerte anunciada.
-Tenés que estar muy segura de estas cosas, antes de tomar alguna decisión, le dije. Aunque mi voz, a mi entender, no tenía ninguna convicción. Yo misma me estaba replanteando toda mi vida, y no sabía si sería capaz de hablar con mis cuatro amigas a la vez. Carolina e Isabel tenían sus parejas. Segundas, terceras, cuartas o quintas. Daba lo mismo. Carmen en cambio era más parecida a mi. Tenía pocas pulgas y un buen patrimonio, así que su aguante con Gastón era lo suficientemente estricto. No lo perdonaba ni una. La jodía y ella respondía por tres. Yo no era tan estricta. Me fallaba una vez, y yo me cobraba sin que supiera. Creo que siempre supe que era un estúpido, así que si salía con alguien, yo siempre me enteraba, y se le cobraba con creces. Ni siquiera precisaba que se enterara. No era una revancha contra él. Era simplemente hacerle una caricia a mi ego, sobretodo cuando empecé a salir con Gustavo, doce años menor que yo y veintidós años menor que Pablo. Realmente lo disfruté porque era colega de Pablo del estudio y había entrado como abogado junior. Pablo estropeó la relación, y yo le seguí la corriente. Una porquería de relación. Pero nos servía a los dos. Agustina en cambio era diferente. Ella amaba a su marido. Nosotras cuatro, Carola. Isabel, Carmen, y yo, teníamos nuestras vidas entreveradas, con hijos propios, hijos ajenos, mediohermanos, ex esposas, ex suegras, todo un verdadero conventillo. Pero Agustina era nuestra mascota. Ella era feliz. Hasta que la rubia ondulada apareció en su vida, y en menor forma en la de nosotras.
Cuando me di cuenta que lo de la póliza en verdad me molestaba porque había puesto en evidencia toda la verdad de nuestra relación, decidí que era hora de hacer algo por el prójimo. Decidí erigirme como una paladina de la justicia. El estúpido del marido de Agustina se merecía un escarmiento, así que decidí sin decirle nada empezar a seguirlo. Sabía donde trabajaba, me conseguí una dirección falsa de correo electrónico, y conseguí un detective por internet. Le hice un giro con un nombre falso y le pedí que investigara a la familia equis. Al marido, y a la mujer. Todo esto último fue para disimular, como si la investigación si algún día se descubría algo apuntara a la rubia ondulada. No solo le pedí fotos en duplicado, sino también un video con copia. Dos semanas después, tuve todo documentado. El cronograma del día a día de Francisco estaba todo detalladito. Sus idas al estudio, sus almuerzos, sus reuniones de trabajo que casi siempre terminaban en un hotel de alta rotatividad muy conocido, hasta los gustos por las habitaciones temáticas que elegían. Había que imaginarse a Francisco en una sala Tudor poniéndose las pelucas blancas de la época. Un horror. Uno de esos días ubiqué a la rubia, una pasante que había visto varias veces en el estudio de Pablo, y que aparentemente también trabajaba para Francisco. Le faltaba clase. Una rubia ondulada, groseramente curva y con boca de depravada. De esas que te las llevás a la cama, y lo lamentás de por vida. Pero así son los tipos. Lo que si me maravillaron fueron las fotos de Agustina. La pobre de Agustina con un marido estúpido y de pésimo gusto. La mascota del grupo. Las fotos de Agustina y Pablo eran más que surrealistas. No eran los dormitorios temáticos de algún mueble más o menos cotizado, eran las casas de Carmen, Carola, Isabel y mi propia casa. La decadencia era total. La traición de su marido hizo que se dedicase a encamarse con todos los maridos de sus amigas. A mi, realmente me hizo gracia. Nunca pasó por mi mente contárselo a las otras tres mosqueteras en desgracia. Unicamente me acordé de lo minucioso y sistemático que era Pablo. Todos los días de cada semana, de cada año, de cada quinquenio, de cada década tomaba aquellos antioxidantes. Cada mañana tomaba con el desayuno una cápsula de antioxidante. Una capsulita mitad gris mitad dorada. Ese día cuando yo me volvía a ver acostada en aquella camilla, con aquellos tipos metiéndome una sonda o una aspiradora para aspirar a quien podría haber sido mi única hija o mi hijo varón, tomé un papel de seda, empecé a separar cada parte de los antioxidantes, sacar lo que tenían dentro, y volver a llenarlos con un veneno para ratas que tenía en el garage. Después que hice esto me deshice del veneno, y empecé a cambiar las grageas que tomaba Pablo. Un día una normal, un día una de mi confección privada. A la semana, cuando su gastritis se volvió casi crónica, empecé a espaciar las cápsulas. Dos o tres buenas, una falsificada. Nunca volví a abrir mi puerta contigua. Los problemas gástricos de Pablo se agudizaron y tuve que llamar a sus hijos, que en definitiva eran los herederos de su seguro de vida.
La última vez que vi a Agustina fue en el entierro de Pablo. Ella me vino a saludar, yo la alejé y la miré a los ojos. Y supe, recién en ese momento supe que ella se había enamorado realmente de Pablo. Lástima que demasiado tarde.

Los raros

Camino siempre despacio de regreso a casa. Me gusta mirar las baldosas y hacer jueguitos, piso esta, me salteo la otra. Amago una y piso la otra. A veces hago como si estuviera jugando al ajedrez al caminar y según sea caballo o alfil o torre lo que muevo, me deslizo suavemente, como patinando. Casi siempre cuando estoy caminando canto. Me gusta cantar. Estoy en el coro del colegio, aunque yo canto otras cosas, no esas pavadas que te hacen cantar en los coros. A veces pienso que estoy medio loca. Escuché a mamá decirle a mi tía por teléfono que yo siempre estaba ida, pero no entendí lo que quiso decir, ida, a donde?. Las personas grandes tienen lenguajes raros. Recién este año me empezaron a dejar ir sola al colegio. Siempre me tenía que acompañar o mi madre, o mis hermanos, o la señora que limpia, pero yo no quería que me acompañaran. Me hacían burla por venir acompañada, como si fuera una nenita de tres años. Ya cumplí ocho y estoy en tercero y mis compañeros salvo dos o tres, son medio tarados. Los otros dos o tres que no son medio tarados, son raros como yo, o tienen padres medio locos o divorciados. Ahora me dejan venir sola y con una sola cola de caballo, porque antes me peinaban con dos colas y en el colegio me hacían burla, y cuando estaba distraída me pegaban chiclets. Una vez que me di vuelta justo en el momento en que Sofía me estaba plantando el chicle, le di tal sopapo que nunca más pasó ni siquiera cerca de donde yo estoy.
La mejor de todas es Laurita, aunque es media burra. Pero es buena y además le tengo mucha lástima porque tiene una cara muy triste. Ella no dice nada, siempre está callada. No es muda, aunque todos los de la clase le dicen “la muda”. Pero ella no habla porque no quiere, o porque no tiene gansadas para decir como el resto de la clase. Solo contesta si le pregunto algo, sino, se sienta al lado mío y se queda calladita. Un día que quería jugar con ella, la agarré del brazo, y ella dio un chillido y se soltó. Después me explicó que era porque tenía el brazo lastimado y le había dolido, pero yo creo que es porque tiene unas lastimaduras muy feas y no quiere que nadie de la clase las vea. Yo las ví un día que hacía mucho calor y Laurita estaba distraída y se empezó a remangar la camisa del uniforme. Cuando se dio cuenta enseguida se bajó la manga. Lo raro que el último día me pareció que era el otro brazo el que tenía lastimado. Capaz que tiene los dos lastimados. Capaz que los hermanos la pelean y la lastiman. Después está Viviana. Ella es divertida y nos reímos, pero a veces se quiere hacer la viva y me copia los deberes, y los problemas de matemáticas. Pero no puedo culparla mucho. La madre se murió, y dicen que el padre se emborracha o algo parecido. Me parece que gusta de Marcos, aunque él está todo el día con los tarados de Javier y Nacho hablando de pavadas y diciendo malas palabras. Somos cinco los raros. Martín es uno de los varones. Le gusta estar con Laurita o con Viviana o conmigo, pero no lo puede decir porque los demás varones le hacen burla de que se junta con las raras, pero cada vez que puede, o cuando los idiotas están lejos, se nos pega a nosotras y nos hace reir. Vivi dice que gusta de mi, pero no estoy muy segura. A mi Martín me gusta, pero distinto. El caso peor es Agustín. Creo que a Agustín no le gustan los varones. No se si le gustan las niñas, pero es el más raro. Es bueno conmigo, sabe jugar a las damas y no molesta a las niñas, pero los varones son malos con él. Una vez vi que le gritaban ”Agustín la marica” , pero él no les hizo caso. A veces son tan malos los niños… A veces quisiera que se murieran todos, los que le hacen esas lastimaduras a Laurita, los que le gritan a Agustín, los que le hacen burla a Martín, y los que lastiman a los perros, a los gatos y a los pájaros. A veces pienso que eso de hacernos confesarle al cura si tuvimos malos pensamientos, o si hicimos cosas malas es medio entreverado. A mi no me gusta contarle nada al Padre Francisco, porque es un viejo nabo que no entiende nada. Pero si yo algún día veo a alguno de los varones lastimando a algún perro, o haciendo sufrir a un gato, o tirándole un hondazo a un pájaro, y agarro una piedra y se la estrello en el medio de la cara al desgraciado, no quiero tener que ir a confesarme al Padre Francisco. Por eso debo de estar en el grupo de “los raros”.
Yo no sé por qué estoy en el grupo de los raros. No se si me pusieron los demás de la clase, si fueron los profesores, o si fui yo porque tengo pocas pulgas como dijo un día mi padre. Estaba hablando con unos colegas, y oí que les decía, -la menor es media rara, habla poco, aprendió a jugar el ajedrez a los seis años, y siempre anda como en el limbo, y además es de pocas pulgas. Yo no entendí mucho. Para mi la única que tenía pulgas era la Meche que es la labradora que nos había aguantado a todos sin jamás a morder a nadie, no siquiera a Matías que la maltrataba abiertamente. Un día que Matías estaba fastidiando mucho a la Meche, y ella lloraba pero no le mostraba los dientes, solo lloraba, yo agarré un libro que había sobre el escritorio y se lo tiré por la cabeza. Saltó Matías, saltó la Meche y el pobre libro quedó culito para arriba en el piso. Matías no se mete conmigo porque sabe que si me enojo le puedo pegar fuerte, pero siempre trata de hacerme trampa cuando juega a las cartas. A veces mi mamá me ponía una cosa pero para mi era para los mosquitos y no para las pulgas, pero no estoy segura. No se si tengo pocas pulgas o pocos mosquitos, o poca paciencia como mi abuelo, como dice mi abuela. No se si soy rara, aunque a veces cuando veo a mis compañeros de clase y los veo tan malos y peleadores, o cuando veo a mis hermanos y los veo tan mandones y tramposos, o cuando veo a la gente que siempre está gritando, o mintiendo o tratando de que no se enteren los vecinos, entonces no me importa ser rara, y muchas veces me dan ganas de andar a las pedradas con todos los no raros.