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jueves, 14 de abril de 2011

Voces

Nunca supe que te pasó. Te fuiste en algún momento, y yo no me di cuenta. Capaz que estaba muy ocupado con el trabajo, o mis hijos, pero ese día, el del final supe que ya te habías ido hacía muchísimo tiempo. Bueno, ahora de viejo me entero que las mujeres son así. El día que te dejan, o te lo dicen, es porque hace años que para ellas está terminado.. Perdoname, no me di cuenta. Tantas veces repasé el final y hasta el día de hoy que han pasado varios años, te sigo extrañando. Extraño el como me peleabas, como me rebatías todo lo que decía, como me mirabas y yo sabía aunque no me lo dijeras me estabas mandando a la mierda. Pucha, que mujer guerrera resultaste. Supongo que fue eso mismo lo que me atrajo.

A veces desearía no haberte conocido. Lo único que me atrajo de ti fue que me hiciste reir. Era lo único que me hacía falta. Siempre que hablaba con mis compañeros de trabajo, les decía que unicamente volvería a salir con un hombre que me hiciera reir y que supiera cocinar. Vos no sabías cocinar, pero me hacías reir. Las dos virtudes juntas eran imposibles. Así que al fin pensé, algo es algo. Con tantos tarados que hay por ahí. Con simplezas solamente, pero me hacías reir, y no eras feo. Debo admitir que en eso soy absolutamente inflexible. Si el hombre no me gusta fisicamente, no marcha. No hay tu tía ni mi tía, ni la tía de nadie. Si no me atrae fisicamente, está arruinado antes de empezar. Soy totalitaria y no me arrepiento.

Ahora mismo me acuerdo como nos conocimos. Fue en aquella fiesta que hicieron en tu trabajo. Yo era el asesor jurídico de la empresa, y cuando hicieron la fiesta de inauguración del nuevo local, te conocí. Eras la contadora de la firma y estabas como Peñarol en la decada del 60 o como Nacional en la del 70. El día que nos presentaron no me diste ni la hora, pero te hice reir un rato con mis vivencias en el exterior. Eras además el tipo de mujer que me gusta. Alta, delgada pero no tísica, y con una personalidad fuerte, fortísima. Capaz que me equivoqué en eso. Demasiado fuerte para mi, porque nunca pude soportar que una mujer fuera más fuerte que yo.

Supongo que el día que te conocí no me impresionaste abiertamente. Soy bichera consumada, así que me pareciste un pavo real tratando de conquistarme con su cola. Pero yo ya había conocido tantos pavos reales que francamente no me dio para darte ni la hora. Al final me hiciste reir con estupideces, pero lo lograste. Me hiciste reir. Un punto a tu favor. Evidentemente después te esforzaste un poco más. Pero había algo, no se si tu machismo o algo que estaba en algún lugar, que me crispaba. Te gustaba jugar al maestro de ceremonias, y coquetear socialmente con todas las veteranas que conocías. Siempre pensé que lo hacías para pincharme, o fastidiarme, pero nunca me molestó. Al contrario, me divertían aquellas actitudes tuyas de pavo real pavoneándose. Nunca conocí los celos.









Ahora que lo pienso, yo tenía mis propios traumas. Mi madre se había muerto cuando yo tenía 9 y siempre la culpé. Por irse antes de tiempo y por otras cosas, así que con las mujeres yo era muy hijo de puta. Mi primera mujer, y la madre de mis hijos era una loca de atar, celosa, muy competitiva y revanchista. Cuando me fui a la mierda con Madelón, se puso como loca. Un día me rayó todo el auto con un llavero. Cuando te lo conté, me dijiste jodete. Ella sabía que a vos solo te importaban dos cosas en la vida, la plata y el auto –como si fuera una prolongación de tu pene. Así que ya que no pudo cortártelo, te lo rayó todo. Chapeau por tu ex. Por lo menos no se reprimió y te castigó donde más te dolía. Cuando me dijiste eso, creo que comprendí que la había lastimado mucho. Me lo hiciste ver. Nunca le pedí perdón, pero está entre mis próximas acciones.

Así y todo, creo que te quise, por lo menos un poco. Cuando no estaba contigo y veía algo lindo, un paisaje, una pintura o una escultura, una puesta de sol o una película, te la contaba en mi mente para que no te la perdieras. Cuando vi “Perfume de Mujer” con Vittorio Gassman, y la remake americana con Al Pacino, pensé, cuando te vea te la voy a contar. Un deleite de placer. Cualquiera de las dos, la actuación de Gassman, extraordinaria, y la escena de Paccino bailando “Por una cabeza” y manejando ciego un Porsche o un Lamborghini, es de antología. Creo firmemente que uno tiene que disfrutar de los placeres de la vida, y para mi eso fue un plus. Un orgasmo de placer, sin sexo. Maravilloso.

Capaz que lo nuestro estaba destinado al fracaso, pero como nos divertíamos juntos. Esperaba ansioso todas las tardes cuando ambos salíamos del trabajo y volvíamos a casa, nos sentábamos a hablar, te sentabas en mis rodillas, me acariciabas el pelo, y te reías. Ahora aprendí que en realidad te estaba asfixiando con mis celos. No podía soportar que te mirara otro hombre. Me pesaban los años que teníamos de diferencia, me gustaba que fueras una mujer sexy y que usaras medias negras con esos bordes de encaje que se te pegaban a las piernas, pero odiaba que los hombres te miraran las piernas. Me encantaba tu risa pero odiaba que los hombres te miraran cuando te reías. Me gustaba que en las fiestas usaras vestidos escotados y pegados al cuerpo, y al mismo tiempo me moría de celos cuando te miraban. Si, ya se que te arruiné montones de fiestas, porque al llegar te hacía mil reproches. Fui siempre un estúpido. Me gustaba que los demás me envidiaran la mujer que tenía, pero creo que el temor a perderte hizo que me comportara con un imbécil. Que lástima.

Y un día cualquiera, supe bien que se había terminado. Tal vez fueron tus historias que siempre eran las mismas y ya no me hacían reir. Tal vez fueron tus mentiritas también estúpidas, y que yo hacía que me creía simplemente porque siempre fui muy cómoda y no quería invertir energía en una discusión. Tal vez fue tu ego fatalmente machista, donde además solo importaba la marca del auto y el saldo de la cuenta bancaria de las personas para considerarlas amigas. Tal vez fue que te perdí el respeto y alguien 12 años más joven, no que tu sino que yo, me devolvió la risa. Nunca te lo dije. Empezó y terminó porque yo le puse fin. No fue por herirte. Simplemente pasó y no me arrepiento.


Hoy se bien que fui yo quien lo arruinó. Mis hijos siempre me decían —Papá no la pierdas, porque solo ella puede aguantarte. Pero yo siempre fui un suicida. No se si fue por la culpa que yo le adjudiqué a mi madre, pero las mujeres siempre se iban y nos dejaban solos, entonces yo tenía que vengarme y tratarlas mal, o hacerlas sufrir, o mentirles, o lastimarlas. Pero contigo era distinto. Yo no podía ejercer presión económica, porque tu tenías tus ingresos, No podía celarte, porque tu eras lo suficientemente peleadora para mandarme a la mierda, yo no podía tener la situación bajo control, porque tu eras impredecible. Entré en un caos. No quería perderte, pero había comprado una rifa para perderte, y tenía todos los boletos.

Yo estoy bien. No te extraño, pero cada tanto reviso el obituario para ver si aparece tu nombre. Recuerdo que un día estábamos durmiendo, y yo me desperté a las tres de la mañana. No se si fue porque estabas roncando, o porque me había cansado que quisieras enseñarme a regar, a cocinar, o a darme clases de como manguerear el auto cuando lo estabas lavando. O todas las estupideces que decías. Así, que te dí el tal golpe en la espalda. Te pegué el tal golpe y me hice la dormida. Tampoco me arrepiento. No te deseo la muerte, solo el sufrimiento por arruinar lo único rescatable que tuviste en tu vida.Te vas a convertir en un viejo amargado, lleno de culpas y rencores, insufrible e inaguantable, y no quiero estar ahí para verlo.Como los versos de Idea Vilariño, “ya no será, no volveré a tocarte. No te veré morir”.

Hoy se que te perdí. Me dijiste que no podías resistir ni el sonido de mi voz.
Perdoname. Yo se que si estuviéramos frente a frente me mirarías con asco.
Y tendrías razón. Nunca conocí una mujer tan fuerte. Perdoname. No pude perdonar a mi madre, pero te pido que me perdones.

Nunca te voy a perdonar. Pudimos haber tenido una vida como la de pocos. Pero lo arruinaste. Y ni el mejor pegamento podría recomponer los pedazos rotos.
No, no te perdono.