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lunes, 25 de noviembre de 2013

Relaciones de colores

El matrimonio de Marta era incoloro, y ella adoraba el color, así que su balcón, su único territorio privado era una especie de invernadero. Cultivaba plantas de interior y de exterior y trataba de conseguir un color uniforme cada año. El año en que cultivó todas las flores rojas fue cuando quedó embarazada. Si bien no era muy coherente el rojo con el embarazo, ella atribuyó la pasión al sentimiento que tenía por la criatura en camino, así que había rosas, claveles, yerberas y alegrías rojas como la sangre. Cuando nació aquel muchachito tan débil, -había pesado 2,100 kilogramos-, su jardín se volvió blanco, y continuó blanco hasta que el chiquilín fue dado de alto tres años después. Recién ahí Marta pudo pensar en colores. Le encantaban los naranjas, rosados, amarillos, todo lo que implicara color le gustaba, y con un bebé sanito empezó a pensar en el azul. Así que su período azul coincidió con el de Picasso. Rodrigo era un muñequito pelirrrojo con unos increibles ojos verdes. Marta pensaba en su próximo período verde cuando los problemas con Rodri empezaron. El día que los peces rojos aparecieron flotando en la pecera, Marta no pensó en Rodri, aunque él estaba junto a la pecera culpando a la gata. La gata nunca se había acercado a los peces, y si lo hubiese hecho, los habría sacado de la pecera y se los hubiese comido. Gatúbela era totalmente predecible. No había sido ella. Marta estuvo mucho tiempo pensando en el asunto y su conclusión no fue muy halagueña cuando al oler el agua de la pecera, hasta las algas se habían decolorado y el olor a hipoclorito era tan intenso que hasta sus ojos se hubiesen decolorado. A partir de ahí empezó a estudiar a Rodri. Un día lo encontró en la cocina tratando de convencer a Gatúbela de que entrara al microondas. Cuando Rodri se dió cuenta de que lo estaban mirando, intentó disimular, pero Marta ya sabía. Gatúbela era muy rápida y Marta se dio cuenta de que cuando Rodri estaba cerca, ella desaparecía. Como estaba castrada, Marta tampoco temía por su descendencia, pero estaban Pancrasio el cocker spaniel y los loros Agustín y Coca, De a poco Marta empezó a ver sus jardines amarillos, el color del peligro que representaban para sus mascotas. Cada vez que Rodri estaba cerca Marta mandaba a Pancrasio a pasear con los paseadores. Con los loros era más difícil. Aún así Marta trataba que sus años de color bordeaux, no lo afectaran, pero un día cualquiera Marta supo con exactitud que su hijo pelirrojo era un pichón de monstruo. El día que Coca y Agustín desaparecieron, y Pancrasio se acercó a ella todo orinado y temblando fue cuando Marta se enteró qué estaba embarazada. Marta había visto la película “El Resplandor” basada en la novela de Stephen King, y empezó a imaginar a Rodri, enloqueciendo encerrado en un apartamento sobre 18 de Julio. Habló del tema con su marido totalmente incoloro, pero él no había notado nada. Al día siguiente Rodri se levantó y fue a desayunar con su madre. Marta lo miró. Era un muñequito pelirrojo y con unos increíbles ojos verdes. Su bebé. Recién cuando Rodri le preguntó cuando nacería su hermanito, Martha supo que si Rodri estaba ahí no habría ningún bebé. Marta no habia dicho nada de su embarazo y Rodri ya estaba enterado. Marta le sirvió el desayuno. Tostadas con mermelada y manteca. Jugo de naranja, huevos revueltos, y panqueques. Cuando Rodri le dijo que los pericos habían sido un estupendo desayuno fué cuando Marta supo que el café que le serviría a su hijo tendría un poco, pero la cantidad suficiente de cianuro.

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